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24 septiembre 2006

Leche materna vs Leche de bote (formula) parte 3

Ecologist (Abril 2006)
Autora: Pat Thomas
Nota de Traducción: En la presente traducción se utiliza sólo el género masculino para facilitar la lectura,
a sabiendas de que debería aparecer tanto el género masculino como el femenino.

TRÁGATE ESTA!
Parte III

La influencia de la publicidad
Los Hospitales Amigos de los Niños se enfrentan a la desalentadora tarea de combatir la actitud liberal e ignorancia general de los profesionales de la salud, las madres y el público en general. También luchan una difícil batalla con los medios de comunicación que, a través de editoriales políticamente correctas destinadas a mitigar la culpa de la madre si alimentan con biberón y, con más poder aun, a través de la publicidad que ha ayudado a redefinir la fórmula como una opción aceptable.

Si bien hoy existen limitaciones más estrictas respecto de la publicidad de la fórmula infantil, durante años, los fabricantes han podido, a través de la publicidad y la promoción, definir la cuestión de la alimentación con biberón tanto en el mundo científico (por ejemplo, proporcionando a los médicos tablas de crecimiento que han establecido los patrones de crecimiento de los lactantes alimentados con biberón como la norma) y en su contexto social más amplio, rediseñando las percepciones acerca de qué es correcto y qué no lo es.

En consecuencia, ante la ausencia de comunidades de mujeres que hablen entre sí acerca del embarazo, el nacimiento y la crianza, las opciones de las mujeres hoy están directamente influenciadas sobre todo por folletos comerciales, cuadernillos y publicidades.

Los fabricantes de leche infantil gastan incontables millones en diseñar estrategias de comercialización para mantener sus productos muy presentes en la conciencia pública. En el RU, las compañías de fórmulas infantiles gastan al menos £12 millones al año en cuadernillos y otras promociones, a menudo bajo la apariencia de ‘materiales educativos’. Esto se traduce en aproximadamente £20 por cada bebé que nace. Por su parte, el gobierno británico invierte aproximadamente 14 peniques por recién nacido para promover la lactancia.

Es un patrón de desigualdad que se repite en todo el mundo, no sólo en el campo de la alimentación infantil. El presupuesto en publicidad mundial de la industria de los alimentos es de $40.000 millones, una cifra superior al producto bruto interno (PBI) del 70 por ciento de las naciones del mundo. Por cada $1 que OMS invierte en la prevención de enfermedades ocasionadas por los regímenes alimentarios de occidente, la industria de alimentos gasta más de $500 en promover estos regímenes.

Dado que ya no es posible publicitar las fórmulas infantiles en forma directa a las mujeres (por ejemplo, en las revistas para madres y bebés o a través de folletería directa), o a través de la distribución de muestras gratuitas en hospitales o consultorios, los fabricantes han comenzado a explotar otros puntos de venta, como ser los clubes de bebés y sitios de internet que pretenden ayudar a las ocupadas madres a obtener toda la información necesaria acerca de la alimentación infantil. Y a menudo lo hacen valiéndose de subterfugios.

A los fabricantes se les permite publicitar las leches de seguimiento, adecuadas por bebés mayores de seis meses, entre las madres y los padres. Pero en algunas ocasiones estas publicidades ostentan una imagen de un bebé mucho menor, lo cual implica que el producto es adecuado para ellos.

El impacto de estos tipos de medios de promoción no deberían subestimarse. Un estudio de NCT/UNICEF realizado en el 2005 en el RU determinó que un tercio de las madres británicas que admitieron haber visto publicidades de fórmula durante los seis meses previos creían que la fórmula infantil era tan buena o mejor que la leche materna. Esta información sorprende aún más teniendo en cuenta que publicitar la fórmula infantil entre las madres ha estado prohibido durante varios años en diversos países, incluyendo el RU.

Para poder sortear las restricciones que impiden la publicidad en forma directa a madres y padres, los fabricantes utilizan una serie de estrategias psicológicas centradas en la preocupación natural de madres y padres recientes acerca de la salud de sus hijos. Muchas de las fórmulas actuales, por ejemplo, son ideadas y vendidas como solución a los problemas ‘médicos’ infantiles como ser la intolerancia a la lactosa, una digestión incompleta o tener ‘mucho apetito’, aun cuando muchos de estos problemas pueden ser causados, en primer lugar, por la provisión inadecuada de fórmula a base de leche de vaca.

La división socioeconómica entre las madres lactantes también es explotada por los fabricantes de fórmula ya que apuntar a las mujeres de bajos ingresos económicos (mediante publicidades y programas de asistencia social) ha dado grandes ganancias. Cuando se les ofrece la oportunidad de proporcionarle a sus hijos el mejor producto que la ciencia pueda ofrecer, muchas mujeres de bajos ingresos económicos se ven naturalmente tentadas por la fórmula. Esto es especialmente cierto si reciben muestras gratis, como es el caso en muchos países en vías de desarrollo.

Pero la naturaleza del suministro y la demanda de la lactancia materna es tal que una vez que la madre acepta estas muestras gratis y comienza a alimentar al lactante con fórmula, el suministro de su propia leche se acaba con suma rapidez. Lamentablemente, una vez que se acaban estas muestras gratis de fórmula y los cupones de descuento, las madres se ven imposibilitadas de producir su propia leche y no tiene otra opción que gastar grandes sumas de dinero en continuar alimentando a sus hijos con fórmula.

Aún cuando los fabricantes ‘promueven’ la lactancia, plantan lo que Mary Smale denomina ‘semillas de condicionamiento’ que pueden conducir al fracaso. “Muchos años atrás, los fabricantes solían producir estos sorprendentes folletos para las mujeres, alentando a las mujeres a amamantar y asegurándoles que sólo es necesario una pocas calorías extras al día. No se los puede culpar por sus dichos, pero sí por las imágenes que aparecían en productos de Marks & Spencer como yogures y pescados con sus cabezas y todo, y pan integral, pero no del tipo de pan integral que se compra en el comercio de la esquina, sino del tipo de pan integra que se compra en comercios especializados.”

El mensaje subyacente era claro: un embarazo saludable y un buen suministro de leche materna son patrimonio de la clase media; toda madre que no pertenezca a ese grupo social tendrá que recurrir a otros recursos para alimentar a sus hijos.

Un rápido vistazo a cualquier revista para embarazadas o al paquete ‘Bounty’ –un llamativo cuadernillo informativo con muestras de productos gratis que las madres recientes reciben en el RU – permite observar que estos sutiles mensajes visuales aún se encuentran presentes; los mensajes incluyen fotografías brillantes de granos integrales y legumbres, cuencos con muesli artísticamente decorados, artesanales rodajas y trozos de quesos al mejor estilo de las tiendas especializadas, exóticos mangos, uvas y kiwis y verduras frescas artísticamente arregladas.

Investigación y el patrocinio
Los fabricantes también ejercen su acosadora influencia a través del contacto con los profesionales de la salud (a quienes les es posible entregar muestras gratis para la investigación y con ‘fines educativos’) en su rol de intermediarios. Los obsequios gratis, los viajes educativos a sitios exóticos y el patrocinio para la investigación son tan sólo algunos ejemplos de cómo los profesionales de la medicina son ‘educados’ acerca de los beneficios de la fórmula.

De acuerdo con Patti Rundall, OBE, directora de políticas de la organización británica Baby Milk Action, que ha estado ejerciendo medidas de presión a favor de una comercialización responsable de los alimentos infantiles durante 20 años, “durante las últimas dos décadas, las compañías de alimentos infantiles han intentado establecer un fuerte rol para sí con relación a la profesión médica, a sabiendas de que los servicios de salud y educación representan una oportunidad de comercialización clave. Por ejemplo, las compañías se muestran gustosas de financiar la investigación sobre alimentación infantil que sirven de base para las políticas sanitarias, como así también les complace pagar a parteras, docentes, materiales educativos y proyectos comunitarios”.

También les complace patrocinar a ONG ‘críticas’, es decir grupos laicos cuyo mandato consiste en informar y apoyar a las mujeres. Pero este tipo de patrocinio no está permitido por el Código Internacional de Comercialización de Sucedáneos de la Leche Materna (ver más abajo) ya que perjudica la capacidad de estas organización de proporcionar a las madres información independiente sobre la lactancia. Sin embargo, estas prácticas continúan estando presentes, si bien más discretamente que en el pasado, y continúan debilitando la actividad de defensa de la lactancia que llevan a cabo los profesionales de la salud.

El contraataque
En 1981 la Asamblea Mundial de la Salud (WHA, por su sigla en inglés) diseñó y adoptó el borrador del Código Internacional de Comercialización de Sucedáneos de la Leche Materna al observar con claridad que la disminución de las tasas de lactancia materna afectaban la salud infantil y que la publicidad de la fórmula infantil afectaba en forma directa en la decisión de la mujer respecto de no amamantar. La votación fue prácticamente unánime, siendo 118 los países miembro los que votaron a favor, tres los que se abstuvieron de votar y sólo un país, Estados Unidos, el que se opuso. (En 1994, tres años después de su oposición, Estados Unidos eventualmente se unió a toda aquella nación en vías de desarrollo como signatario del Código.)

El Código es el único instrumento que promueve una nutrición segura y adecuada para los lactantes en el nivel mundial en su intento por proteger la lactancia y velar por una adecuada comercialización de los sucedáneos de la leche materna. Se aplica a todos los productos comercializados como reemplazo parcial o total de la leche materna, incluyendo la fórmula infantil, la fórmula de seguimiento, las fórmulas especiales,
cereales, jugos, mezclas de vegetales y tés para bebés, además de aplicarse a biberones y tetinas. Asimismo, sostiene que ningún alimento infantil debe ser comercializado en algún modo que menoscabe la lactancia. Específicamente, el Código:

¦ Prohibe toda publicidad o promoción de estos producto al público general

¦ Prohibe la distribución de muestras u obsequios a las madres o profesionales de la atención de salud

¦ Exige que todo material informativo defienda la lactancia materna, advierta acerca de la alimentación con biberón y que no contenga imágenes de lactantes o texto que idealice el uso de los sucedáneos de la leche materna

¦ Prohibe utilizar el sistema de atención de la salud para promocionar los sucedáneos de la leche materna

¦ Prohibe los suministros gratuitos o a bajo costo de los sucedáneos de la leche materna

¦ Autoriza a los profesionales de la atención de la salud a recibir muestras, pero sólo para fines de investigación

¦ Exige que la información sobre los productos sea fáctica y científica

¦ Prohibe los incentivos de ventas para los sucedáneos de la leche materna y el contacto directo con las madres

¦ Exige que las etiquetas informen detalladamente acerca del uso correcto de la fórmula infantil y los riesgos de un uso incorrecto

¦ Exige que las etiquetas no desalienten la lactancia materna.

Es probable que un documento de esta índole no hubiera podido ser elaborado en la actualidad. Desde la creación de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y su carácter de ‘libre comercio’ en 1995, la mayor sofisticación de las estrategias del poder corporativo y la agresiva presión de las organizaciones de salud se incrementaron hasta tal punto que el Código podría haber perecido mucho antes de llegar a la etapa de votación final.

Sin embargo, en 1981, los estados miembro, corporaciones y ONG se encontraban en una posición algo más pareja. Al evitar que la industria publicitara la fórmula infantil, distribuyera muestras gratis, promoviera sus productos en las instalaciones de atención de la salud o a través de las bolsas con obsequios destinadas a las madres y los bebés, e insistiendo en un mejor etiquetado, el Código actúa como ente regulador ante la industria que de otro modo se vería libre para arremeter con un producto alimenticio inferior para los lactantes y los niños pequeños.

1 comentario :

Percy Soldevilla dijo...

NO hay nada que reemplaze la leche materna, pero es cierto que existe un codigo, Existe un Código Internacional de Comercialización de Sucedáneos de la Leche Materna, aprobado por la Asamblea Mundial de la Salud (OMS) en 1981, que obliga a los profesionales, técnicos y trabajadores de salud en general, y también a los productores de sucedáneos (fórmulas infantiles, leches en general, cereales o harinas para lactantes, edulcorantes para mamaderas, mamaderas y chupetes) a respetar las convenciones.
para mas informacion; http://www.sarda.org.ar/Revista%20Sard%C3%A1/96b/52.pdf

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