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24 septiembre 2006

Libro "Besame Mucho" de Carlos Gonzalez


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Leche materna vs Leche de bote (formula) parte 3

Ecologist (Abril 2006)
Autora: Pat Thomas
Nota de Traducción: En la presente traducción se utiliza sólo el género masculino para facilitar la lectura,
a sabiendas de que debería aparecer tanto el género masculino como el femenino.

TRÁGATE ESTA!
Parte III

La influencia de la publicidad
Los Hospitales Amigos de los Niños se enfrentan a la desalentadora tarea de combatir la actitud liberal e ignorancia general de los profesionales de la salud, las madres y el público en general. También luchan una difícil batalla con los medios de comunicación que, a través de editoriales políticamente correctas destinadas a mitigar la culpa de la madre si alimentan con biberón y, con más poder aun, a través de la publicidad que ha ayudado a redefinir la fórmula como una opción aceptable.

Si bien hoy existen limitaciones más estrictas respecto de la publicidad de la fórmula infantil, durante años, los fabricantes han podido, a través de la publicidad y la promoción, definir la cuestión de la alimentación con biberón tanto en el mundo científico (por ejemplo, proporcionando a los médicos tablas de crecimiento que han establecido los patrones de crecimiento de los lactantes alimentados con biberón como la norma) y en su contexto social más amplio, rediseñando las percepciones acerca de qué es correcto y qué no lo es.

En consecuencia, ante la ausencia de comunidades de mujeres que hablen entre sí acerca del embarazo, el nacimiento y la crianza, las opciones de las mujeres hoy están directamente influenciadas sobre todo por folletos comerciales, cuadernillos y publicidades.

Los fabricantes de leche infantil gastan incontables millones en diseñar estrategias de comercialización para mantener sus productos muy presentes en la conciencia pública. En el RU, las compañías de fórmulas infantiles gastan al menos £12 millones al año en cuadernillos y otras promociones, a menudo bajo la apariencia de ‘materiales educativos’. Esto se traduce en aproximadamente £20 por cada bebé que nace. Por su parte, el gobierno británico invierte aproximadamente 14 peniques por recién nacido para promover la lactancia.

Es un patrón de desigualdad que se repite en todo el mundo, no sólo en el campo de la alimentación infantil. El presupuesto en publicidad mundial de la industria de los alimentos es de $40.000 millones, una cifra superior al producto bruto interno (PBI) del 70 por ciento de las naciones del mundo. Por cada $1 que OMS invierte en la prevención de enfermedades ocasionadas por los regímenes alimentarios de occidente, la industria de alimentos gasta más de $500 en promover estos regímenes.

Dado que ya no es posible publicitar las fórmulas infantiles en forma directa a las mujeres (por ejemplo, en las revistas para madres y bebés o a través de folletería directa), o a través de la distribución de muestras gratuitas en hospitales o consultorios, los fabricantes han comenzado a explotar otros puntos de venta, como ser los clubes de bebés y sitios de internet que pretenden ayudar a las ocupadas madres a obtener toda la información necesaria acerca de la alimentación infantil. Y a menudo lo hacen valiéndose de subterfugios.

A los fabricantes se les permite publicitar las leches de seguimiento, adecuadas por bebés mayores de seis meses, entre las madres y los padres. Pero en algunas ocasiones estas publicidades ostentan una imagen de un bebé mucho menor, lo cual implica que el producto es adecuado para ellos.

El impacto de estos tipos de medios de promoción no deberían subestimarse. Un estudio de NCT/UNICEF realizado en el 2005 en el RU determinó que un tercio de las madres británicas que admitieron haber visto publicidades de fórmula durante los seis meses previos creían que la fórmula infantil era tan buena o mejor que la leche materna. Esta información sorprende aún más teniendo en cuenta que publicitar la fórmula infantil entre las madres ha estado prohibido durante varios años en diversos países, incluyendo el RU.

Para poder sortear las restricciones que impiden la publicidad en forma directa a madres y padres, los fabricantes utilizan una serie de estrategias psicológicas centradas en la preocupación natural de madres y padres recientes acerca de la salud de sus hijos. Muchas de las fórmulas actuales, por ejemplo, son ideadas y vendidas como solución a los problemas ‘médicos’ infantiles como ser la intolerancia a la lactosa, una digestión incompleta o tener ‘mucho apetito’, aun cuando muchos de estos problemas pueden ser causados, en primer lugar, por la provisión inadecuada de fórmula a base de leche de vaca.

La división socioeconómica entre las madres lactantes también es explotada por los fabricantes de fórmula ya que apuntar a las mujeres de bajos ingresos económicos (mediante publicidades y programas de asistencia social) ha dado grandes ganancias. Cuando se les ofrece la oportunidad de proporcionarle a sus hijos el mejor producto que la ciencia pueda ofrecer, muchas mujeres de bajos ingresos económicos se ven naturalmente tentadas por la fórmula. Esto es especialmente cierto si reciben muestras gratis, como es el caso en muchos países en vías de desarrollo.

Pero la naturaleza del suministro y la demanda de la lactancia materna es tal que una vez que la madre acepta estas muestras gratis y comienza a alimentar al lactante con fórmula, el suministro de su propia leche se acaba con suma rapidez. Lamentablemente, una vez que se acaban estas muestras gratis de fórmula y los cupones de descuento, las madres se ven imposibilitadas de producir su propia leche y no tiene otra opción que gastar grandes sumas de dinero en continuar alimentando a sus hijos con fórmula.

Aún cuando los fabricantes ‘promueven’ la lactancia, plantan lo que Mary Smale denomina ‘semillas de condicionamiento’ que pueden conducir al fracaso. “Muchos años atrás, los fabricantes solían producir estos sorprendentes folletos para las mujeres, alentando a las mujeres a amamantar y asegurándoles que sólo es necesario una pocas calorías extras al día. No se los puede culpar por sus dichos, pero sí por las imágenes que aparecían en productos de Marks & Spencer como yogures y pescados con sus cabezas y todo, y pan integral, pero no del tipo de pan integral que se compra en el comercio de la esquina, sino del tipo de pan integra que se compra en comercios especializados.”

El mensaje subyacente era claro: un embarazo saludable y un buen suministro de leche materna son patrimonio de la clase media; toda madre que no pertenezca a ese grupo social tendrá que recurrir a otros recursos para alimentar a sus hijos.

Un rápido vistazo a cualquier revista para embarazadas o al paquete ‘Bounty’ –un llamativo cuadernillo informativo con muestras de productos gratis que las madres recientes reciben en el RU – permite observar que estos sutiles mensajes visuales aún se encuentran presentes; los mensajes incluyen fotografías brillantes de granos integrales y legumbres, cuencos con muesli artísticamente decorados, artesanales rodajas y trozos de quesos al mejor estilo de las tiendas especializadas, exóticos mangos, uvas y kiwis y verduras frescas artísticamente arregladas.

Investigación y el patrocinio
Los fabricantes también ejercen su acosadora influencia a través del contacto con los profesionales de la salud (a quienes les es posible entregar muestras gratis para la investigación y con ‘fines educativos’) en su rol de intermediarios. Los obsequios gratis, los viajes educativos a sitios exóticos y el patrocinio para la investigación son tan sólo algunos ejemplos de cómo los profesionales de la medicina son ‘educados’ acerca de los beneficios de la fórmula.

De acuerdo con Patti Rundall, OBE, directora de políticas de la organización británica Baby Milk Action, que ha estado ejerciendo medidas de presión a favor de una comercialización responsable de los alimentos infantiles durante 20 años, “durante las últimas dos décadas, las compañías de alimentos infantiles han intentado establecer un fuerte rol para sí con relación a la profesión médica, a sabiendas de que los servicios de salud y educación representan una oportunidad de comercialización clave. Por ejemplo, las compañías se muestran gustosas de financiar la investigación sobre alimentación infantil que sirven de base para las políticas sanitarias, como así también les complace pagar a parteras, docentes, materiales educativos y proyectos comunitarios”.

También les complace patrocinar a ONG ‘críticas’, es decir grupos laicos cuyo mandato consiste en informar y apoyar a las mujeres. Pero este tipo de patrocinio no está permitido por el Código Internacional de Comercialización de Sucedáneos de la Leche Materna (ver más abajo) ya que perjudica la capacidad de estas organización de proporcionar a las madres información independiente sobre la lactancia. Sin embargo, estas prácticas continúan estando presentes, si bien más discretamente que en el pasado, y continúan debilitando la actividad de defensa de la lactancia que llevan a cabo los profesionales de la salud.

El contraataque
En 1981 la Asamblea Mundial de la Salud (WHA, por su sigla en inglés) diseñó y adoptó el borrador del Código Internacional de Comercialización de Sucedáneos de la Leche Materna al observar con claridad que la disminución de las tasas de lactancia materna afectaban la salud infantil y que la publicidad de la fórmula infantil afectaba en forma directa en la decisión de la mujer respecto de no amamantar. La votación fue prácticamente unánime, siendo 118 los países miembro los que votaron a favor, tres los que se abstuvieron de votar y sólo un país, Estados Unidos, el que se opuso. (En 1994, tres años después de su oposición, Estados Unidos eventualmente se unió a toda aquella nación en vías de desarrollo como signatario del Código.)

El Código es el único instrumento que promueve una nutrición segura y adecuada para los lactantes en el nivel mundial en su intento por proteger la lactancia y velar por una adecuada comercialización de los sucedáneos de la leche materna. Se aplica a todos los productos comercializados como reemplazo parcial o total de la leche materna, incluyendo la fórmula infantil, la fórmula de seguimiento, las fórmulas especiales,
cereales, jugos, mezclas de vegetales y tés para bebés, además de aplicarse a biberones y tetinas. Asimismo, sostiene que ningún alimento infantil debe ser comercializado en algún modo que menoscabe la lactancia. Específicamente, el Código:

¦ Prohibe toda publicidad o promoción de estos producto al público general

¦ Prohibe la distribución de muestras u obsequios a las madres o profesionales de la atención de salud

¦ Exige que todo material informativo defienda la lactancia materna, advierta acerca de la alimentación con biberón y que no contenga imágenes de lactantes o texto que idealice el uso de los sucedáneos de la leche materna

¦ Prohibe utilizar el sistema de atención de la salud para promocionar los sucedáneos de la leche materna

¦ Prohibe los suministros gratuitos o a bajo costo de los sucedáneos de la leche materna

¦ Autoriza a los profesionales de la atención de la salud a recibir muestras, pero sólo para fines de investigación

¦ Exige que la información sobre los productos sea fáctica y científica

¦ Prohibe los incentivos de ventas para los sucedáneos de la leche materna y el contacto directo con las madres

¦ Exige que las etiquetas informen detalladamente acerca del uso correcto de la fórmula infantil y los riesgos de un uso incorrecto

¦ Exige que las etiquetas no desalienten la lactancia materna.

Es probable que un documento de esta índole no hubiera podido ser elaborado en la actualidad. Desde la creación de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y su carácter de ‘libre comercio’ en 1995, la mayor sofisticación de las estrategias del poder corporativo y la agresiva presión de las organizaciones de salud se incrementaron hasta tal punto que el Código podría haber perecido mucho antes de llegar a la etapa de votación final.

Sin embargo, en 1981, los estados miembro, corporaciones y ONG se encontraban en una posición algo más pareja. Al evitar que la industria publicitara la fórmula infantil, distribuyera muestras gratis, promoviera sus productos en las instalaciones de atención de la salud o a través de las bolsas con obsequios destinadas a las madres y los bebés, e insistiendo en un mejor etiquetado, el Código actúa como ente regulador ante la industria que de otro modo se vería libre para arremeter con un producto alimenticio inferior para los lactantes y los niños pequeños.

Leche materna vs Leche de bote (formula) parte 2

Ecologist (Abril 2006)
Autora: Pat Thomas
Nota de Traducción: En la presente traducción se utiliza sólo el género masculino para facilitar la lectura,
a sabiendas de que debería aparecer tanto el género masculino como el femenino.

TRÁGATE ESTA!
Parte II

A diferencia de los lactantes amamantados, los lactantes alimentados con biberón corren el doble de riesgo de muerte durante las primeras seis semanas de vida, la alimentación con biberón incrementa el riesgo del síndrome de muerte súbita del lactante (sudden infant death syndrome [SIDS]) entre dos y cinco veces. Los lactantes alimentados con biberón también se encuentran en un riesgo significativamente mayor de internación hospitalaria por una serie de infecciones. Por ejemplo, tienen un riesgo cinco veces mayor de ser ingresados al hospital por gastroenteritis.

Incluso en los países en vías de desarrollo, los lactantes alimentados con biberón tienen tasas de diarrea dos veces mayores que los lactantes amamantados. Tienen el doble de probabilidades (20 por ciento frente al 10 por ciento) de sufrir otitis media (infección del oído interno), el doble de probabilidades de tener eccema o sibilancias si existen antecedentes familiares de enfermedad atópica y cinco veces más probabilidades de padecer infecciones de las vías urinarias. Durante las primeras seis semanas de vida, los lactantes alimentados con biberón tienen de seis a diez mayores probabilidades de sufrir enterocolitis necrotizante, una infección intestinal de gravedad, con muerte del tejido intestinal, riesgo que se incrementa en 30 veces después de ese período.

La alimentación con biberón también está asociada a enfermedades de mayor gravedad. En comparación con los lactantes amamantados en forma completa incluso durante sólo tres a cuatro meses, un lactante que bebe leche artificial tiene el doble de probabilidades de padecer diabetes insulino-dependiente (tipo 1) de aparición durante la juventud. También existe un riesgo entre cinco y ocho veces mayor de la aparición de linfomas en niños menores de 15 alimentados con fórmula o amamantados menos de seis meses.

En la adultez, los estudios sugieren que los lactantes alimentados con biberón tienen una mayor tendencia a padecer trastornos tales como enfermedad inflamatoria intestinal infantil, esclerosis múltiple, oclusión dental defectuosa, cardiopatía isquémica, diabetes, hiperactividad, enfermedad tiroidea autoinmune y celiaquía.

Por todas estas razones, no puede considerarse a la fórmula como ‘la segunda mejor alternativa’ después de la lactancia materna. Oficialmente, la Organización Mundial de la Salud (OMS) designa a la leche artificial como la última opción de alimentación infantil: la primera opción es el amamantamiento, la segunda opción, la leche materna proporcionada con vasito o biberón, el tercer lugar lo ocupa la leche materna de banco de leche o nodriza, en cuarto lugar, la leche artificial.

Y sin embargo, los lactantes amamantados se están convirtiendo en especies en peligro de extinción. En el Reino Unido, las tasas son catastróficamente bajas desde hace décadas. De acuerdo con las cifras actuales, sólo el 62 por ciento de las mujeres inglesas intentan amamantar (a menudo cuando aún se encuentran en el hospital). A las seis semanas, sólo el 42 por ciento amamanta. A los cuatro meses, sólo el 29 por ciento se encuentra amamantando y, a los seis meses, esta cifra disminuye al 22 por ciento.

Estas cifras son similares a las de cualquier país en vías de desarrollo del mundo y, cabe señalar, no reflejan necesariamente el ideal de lactancia materna ‘exclusiva’. De hecho, muchas madres modernas practican la alimentación mixta, combinan la lactancia materna con leche artificial y alimentos infantiles. En el nivel mundial, OMS estima que sólo el 35 por ciento de los lactantes recibe algún tipo de leche materna a los cuatro meses y, si bien no es posible saber a ciencia cierta dado que la investigación sobre la lactancia materna exclusiva es escasa e incompleta, se estima que sólo el 1 por ciento es amamantado exclusivamente hasta los seis meses.

Las mujeres más jóvenes en particular tienden menos a amamantar, siendo más del 40 por ciento las madres menores de 24 años que nunca intentan hacerlo. Sin embargo, el principal obstáculo es el socioeconómico. Las mujeres de hogares de bajo nivel económico o de escaso nivel educativo tienden menos a amamantar, aun cuando esto signifique una enorme diferencia para la salud del niño.

En el caso de los niños de familias en desventaja social, la lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses de vida puede eliminar las desigualdades sanitarias entre nacer en un hogar pobre y un hogar rico. Esencialmente, la lactancia materna rescata al lactante de la pobreza durante esos meses de vida cruciales y le brinda un comienzo justo en la vida.

Entonces, ¿por qué no amamantan las mujeres?
Antes de que los biberones se convirtieran en la norma, la lactancia materna era una actividad cotidiana basada en la imitación que se aprendía en el seno de la familia y la comunidad.

Las mujeres se convertían en sus propias expertas mediante ensayo y error , sobre la base de su propia experiencia. Pero en la actualidad, lo que debería ser una práctica más o menos natural se ha convertido en algo extremadamente complicado: el foco de las estrategias y las políticas de comercialización, la elaboración de leyes, los grupos de apoyo de presión, los activistas y la interferencia - a menudo ineficaz - de expertos bien intencionados.

Según Mary Smale, lo que marca la diferencia es la confianza y la expectativa de apoyo, en especial en el caso de las mujeres en desventaja social.

“El concepto de ‘auto eficacia’, es decir si uno piensa que puede hacer determinada cosa, es muy importante. Uno puede decirle a una mujer que es bueno amamantar, pero ella tendrá que creer en varias cosas para que la lactancia funcione. En primer lugar, debe creer que es una buena idea, que es bueno tanto para ella como para su bebé. En segundo lugar, debe pensar: ‘Soy del tipo de persona que puede hacerlo’. En tercer lugar, y tal vez el más importante, debe creer que si se presenta algún problema ella podrá, con ayuda, encontrar la manera de solucionarlo.”

“Los estudios indican que, por ejemplo, las mujeres de bajo ingreso económico a menudo creen que la lactancia causa dolor, y también tienden a creer que la fórmula es simplemente óptima. Es por ello que la motivación por amamantar falta desde un principio. Pero, en realidad, es la creencia que de existir algún problema no habrá cómo solucionarlo. Por ejemplo, si duele es una cuestión de suerte. Muy diferente a lo que sucede con las madres de clase media, acostumbradas a solicitar ayuda en caso de necesitarla, que no temen tomar el teléfono y comunicarse con su partera o visitadora de salud para pedir ayuda.”

Prácticamente todas las mujeres, alrededor del 99 por ciento, puede amamantar con éxito y producir la leche suficiente para que su hijo no sólo crezca sino que lo haga con todas sus fuerzas. Con aliento, apoyo y ayuda, prácticamente todas las mujeres desean iniciar la lactancia. Sin embargo, las tasas de interrupción son alarmantes: el 90 por ciento de las mujeres que suspenden la lactancia durante las primeras seis semanas dicen que desearían haber continuado. Y, según parece, las tasas de lactancia materna exclusiva en el largo plazo podrían mejorarse de existir un sólido apoyo familiar y comunitario –visible y al alcance de todas- para hacerlo, ya sea en el hogar o en público.

Evidentemente, este tipo de apoyo social es inexistente y la idea de la lactancia materna frente a la alimentación con biberón sugiere que existe además una confluencia de factores complejos, ya sea de índole médica, socioeconómicos, culturales y políticos, que frecuentemente menoscaban la confianza de la madre al tiempo que fortalecen la idea de que alimentar con leche artificial es una cuestión ligada al estilo de vida y no a la salud, y que el organismo de la mujer moderna no puede producir suficiente leche para alimentar a su cría.

“La lactancia materna es una negociación natural entre la madre y el bebé y si uno interfiere es bajo su responsabilidad”, dice la docente universitaria Mary Renfrew, Directora de la Unidad de Investigación sobre la Madre y el Lactante, de la Universidad de York. “Pero a comienzos del siglo pasado, interferir en la lactancia era habitual. En términos de la ecología de la lactancia, estamos hablando de un hábitat natural que ha sido alterado. Y no es sólo la presencia de un gran depredador: la invención de la leche artificial, que es ya de por sí importante. Es el hecho de que el hábitat ya se encontraba debilitado como consecuencia de otras fuerzas que lo habían vuelto vulnerable al desastre.”

‘Si uno analiza textos médicos de principios del siglo XX, encontrará una serie de citas acerca de la cientificación y la exactitud de la lactancia, y es a partir de allí cuando observamos el comienzo de la destrucción. Según Renfrew, esta destrucción de debe principalmente al temor y a la desconfianza que la ciencia tenía respecto del proceso natural de la lactancia. En particular, el hecho que una madre pudiera colocar a su bebé al pecho y hacer algo más mientras amamantaba, y esperar a que el bebé lo soltara cuando ya hubiese obtenido el alimento suficiente, era considerado desordenado e inexacto. El modelo médico/científico reemplazó esta situación natural con mediciones precisas, es decir, qué cantidad de mililitros de leche un lactante debería consumir por toma; esto desvirtuaba el equilibrio natural entre la madre y el lactante, y establecía la alimentación con biberón como la norma biológica.

Las tasas de lactancia materna también comenzaron a disminuir como consecuencia de la nueva situación creada por la Primera Guerra Mundial; más cantidad de mujeres dejaban a sus hijos para unirse a la fuerza laboral y como consecuencia de la emancipación femenina y la muerte de los hombres en el campo de batalla. Esto fue aún más significativo con el advenimiento de la Segunda Guerra Mundial, cuando un mayor número de mujeres comenzaron a trabajar fuera de su hogar.

“La primera ola de feminismo”, explica Renfrew, “que se plasmó en la conciencia colectiva en la década de los años 1960, también fomentó el que las mujeres dejaran a sus hijos e hicieran su propia viva. Por ello, lo único que hubiera ayudado, es decir, el apoyo entre mujeres, de hecho favoreció el que incluso mujeres intelectuales, comprometidas, conscientes que podrían haberse cuestionado no lo hicieran. El resultado fue una menor confianza en la lactancia, un menor entendimiento sobre su importancia y una empobrecida capacidad de los profesionales de la salud para apoyarla. Y, por supuesto, todo esto sucedió al mismo tiempo que el desarrollo tecnológico de la leche artificial y la disponibilidad de la fórmula sin costo alguno.”

La medicalización del parto
Antes de la Segunda Guerra Mundial, el embarazo y el parto, y por extensión la lactancia, eran parte del normal desarrollo de la vida. Las mujeres daban a luz en sus hogares con la ayuda y el apoyo de parteras capacitadas que formaban parte de la comunidad. Luego las mujeres contaban con el aliento de la familia y de amigos para amamantar.

El hecho que el nacimiento fuera extraído del ámbito de la comunidad y se lo volviera a ubicar en el ámbito hospitalario dio como resultado la medicalización de la vida reproductiva de las mujeres. Los acontecimientos de la vida se transformaron en problemas médicos y el conocimiento tradicional fue reemplazado por soluciones científicas y tecnológicas. Esta medicalización se tradujo en una serie de intervenciones que dañaron profundamente la confianza de las mujeres en su capacidad por engendrar y ayudar al desarrollo de un hijo saludable, a dar a luz y a alimentarlo.

Las intervenciones derivaron en lo siguiente: los hospitales son instituciones, son impersonales y, por necesidad, se basan en horarios y en rutinas. Para el correcto funcionamiento de un hospital, es preciso sedar e inmovilizar a los pacientes. Para que una mujer de a luz es preciso que esté tendida sobre su espalda en una camilla, una postura contraria a la que naturalmente optaría y que torna al trabajo de parto más lento, menos efectivo y mucho más doloroso.

Para ‘reparar’ estas tareas disfuncionales desde el punto de vista iatrogénico, los médicos desarrollaron una serie de fármacos (a menudo hormonas sintéticas como las prostaglandinas o sintocinon), tecnologías (como fórceps y ventosas) y procedimientos (como las episiotomías) para acelerar el proceso. Acelerar el trabajo de parto por vía artificial lo tornó más doloroso aún y en consecuencia, generó el desarrollo de una gama de fármacos para aliviar el dolor. Muchos de ellos eran tan poderosos que la madre con frecuencia se encontraba inconsciente en el momento del parto, lo cual la incapacitaba para ofrecerle el pecho a su hijo recién nacido.

Todos los fármacos analgésicos atraviesan la placenta, de modo que aún cuando la madre esté consciente, su bebé probablemente no lo estará o estará tan sedado que sus instintos naturales de succión (que lo ayudará a encontrar el pezón) y la coordinación muscular (necesaria para prenderse al pecho en forma adecuada) se verán seriamente afectados.

Durante las décadas de 1970 y 1980, madre e hijo se recuperaban del difícil trance de un parto medicalizado por separado. A menudo al bebé se le prohibía amamantar hasta tanto no tomara su primer biberón, en caso de que hubiera algún problema en su sistema digestivo. La lactancia materna, cuando finalmente ocurría, era llevada a la práctica bojo estrictas pautas horarias. Estas pautas de alimentación, usualmente a intervalos de tres o cuatro horas, resultaban totalmente artificiales para los recién nacidos humanos que necesitan alimentarse 12 veces o más durante un período de 24 horas. Los bebés que estaban inevitablemente hambrientos entre una toma y otra recibían como rutina suplementos de agua y/o fórmula.

“Existían diversos modos de saciar el apetito a un bebé”, dice la Profesora Renfrew. “El funcionamiento de esta lactancia científica en el ámbito hospitalario era el siguiente: durante el primer día el bebé podía ser amamanta dos minutos de cada pecho, luego cuatro minutos de cada pecho el segundo día, siete minutos el tercer día y así sucesivamente. Esto generaba gran ansiedad ya que la madre estaba atenta al reloj en lugar de prestar atención a su bebé. Después de cada toma, a los bebés de los saciaba con otros alimentos y se los volvía a saciar con otro alimento durante la noche en lugar de recibir leche materna. Así las salas de recién nacidos estaban colmadas de bebés que lloraban mientras que las madres permanecían en las salas de posparto. Esto era lo normal durante el transcurso de las décadas de 1960 y 1970.”

La leche materna se produce sobre la base del suministro y la demanda, y estas rutinas de saciar el hambre del bebé, que si bien apaciguaban su apetito pero reducían la demanda, también reducían el suministro de leche de la madre. En consecuencia, las mujeres a merced del parto institucionalizado vivían la lactancia como una lucha frustrante que con frecuencia resultaba dolorosa y muchas veces infructuosa.

Cuando la lactancia ‘fracasaba’, bajo estas circunstancias tan adversas, se proporcionaba fórmula como una ‘solución completa desde el punto de vista nutricional’, que a su vez era más ‘moderna’, ‘limpia’ y más ‘aceptable socialmente’.

Al menos dos generaciones de mujeres has estado sujetas a este tipo de rutina perjudicial y, como consecuencia, a muchas madres de hoy el concepto de la lactancia les resulta algo extraño y desconocido que a menudo estará encasillado como algo que desearían intentar pero que se sentirían muy decepcionadas si no funcionara.

El fracaso de los profesionales
Los mismos jóvenes médicos, enfermeras y parteras que se aventuraron en este modelo médico de reproducción son quienes hoy dirigen los servicios sanitarios. Por eso no sorprende que los hospitales modernos sean, en esencia, apenas distintos de sus antecesores. Es probable que tengan aparatos de televisión, CD y empapelados más bonitos y que los fármacos sean más sofisticados, pero los objetivos y principios básicos del parto medicalizado han variado muy poco en los últimos 40 años, siendo el efecto en la lactancia aún devastador.

En muchos casos, la opinión de los proveedores de la atención de la salud en materia de alimentación infantil se basa en sus propias y muy personales experiencias. De acuerdo con las encuestas, por ejemplo, el factor más importante que afecta la eficacia y la precisión del consejo profesional sobre la lactancia es si esa misma médica, o la esposa de ese médico, ha amamantado a sus hijos. De igual modo, una partera, enfermera o visitadora de salud que ha alimentado con fórmula a su hijo es improbable que sea una eficaz defensora de la lactancia.

Más preocupante aún es que estos profesionales pueden continuar perpetuando mitos perjudiciales sobre la lactancia que facilitan su fracaso. En algunos hospitales, a las mujeres aún se las aconseja limitar la cantidad de tiempo que un bebé succiona de cada pecho y a ‘fortalecer’ sus pezones. O se les dice que los bebés obtienen la leche necesaria durante los primeros 10 minutos y que la succión de allí en más es innecesaria. A algunas se les aconseja respetar los intervalos de cuatro horas entre una toma y otra. Las cifras obtenidas de la Oficina de Estadística Nacional del RU señalan que se continúa proporcionando otros alimentos a los bebés para saciar su apetito. En el año 2002, cerca del 30 por ciento de los bebés de hospitales del RU recibieron un suplemento por parte de personal del hospital y aproximadamente el 20 por ciento de todos los bebés fueron separados de sus madres en algún punto de la estadía hospitalaria.

Los continuos consejos inapropiados por parte de profesionales de la medicina fue lo que impulsó, en 1991, el inicio de la Iniciativa Hospital Amigo del Niño y de la Madre (IHAN): un sistema de certificación para aquellos hospitales que reúnen ciertos criterios que promueven la lactancia exitosa. Estos criterios incluyen: la capacitación del personal de atención de la salud sobre cómo facilitar la lactancia; la ayuda necesaria para que las madres puedan iniciar la lactancia dentro de la primera hora de transcurrido el parto; la no provisión de alimentos o líquidos a los recién nacidos a menos que sea lo indicado por un médico y la no aceptación por parte del hospital de fórmulas o suministros gratuitos o a muy bajo coso. En principio, es una importante medida en la promoción de la lactancia; los estudios señalan que las mujeres que dan a luz en un Hospital Amigo amamantan por un tiempo más prolongado.

En Escocia, por ejemplo, donde cerca del 50 por ciento de los hospitales han sido acreditados como Hospitales Amigos, las tasas de inicio de la lactancia han aumentado dramáticamente en los últimos años. En Cuba, donde 49 de los 56 hospitales e instalaciones de maternidad son “Amigas del Niño y de la Madre”, la tasa de lactancia materna exclusiva a los cuatro meses prácticamente se ha triplicado en seis años, del 25 por ciento en 1990 al 72 por ciento en 1996. En Bangladesh, Brasil y China se han observado incrementos similares.

Lamentablemente, el interés por obtener la designación IHAN no es universal. En el RU, sólo 43 hospitales (el 16 por ciento de todos los hospitales británicos) han logrado la designación completa y ninguno de ellos se encuentra en Londres. De los aproximadamente 16.000 hospitales de todo el mundo que han calificado para recibir la designación de Hospital Amigo, sólo 32 se encuentran en EE.UU. Y si bien los hospitales amigos logran una alta tasa de inicio de la lactancia, no les es posible garantizar su continuación una vez que la mujer regresa a la comunidad. Incluso entre las mujeres que dan a luz en hospitales amigos, el número de ellas que amamanta exclusivamente durante seis meses es inaceptablemente bajo.

Leche materna vs Leche de bote (formula) Parte 1

Ecologist (Abril 2006)
Autora: Pat Thomas
Nota de Traducción: En la presente traducción se utiliza sólo el género masculino para facilitar la lectura,
a sabiendas de que debería aparecer tanto el género masculino como el femenino .

TRÁGATE ESTA!
La especie humana ha practicado la lactancia durante aproximadamente quinientos mil años. Recién en los últimos 60 años comenzamos a proporcionarles a los/as lactantes el alimento altamente procesado y de conveniencia denominado 'fórmula infantil'. Las consecuencias son tremendas: el doble de riesgo de muerte en las primeras seis meses de vida, cinco veces el riesgo de gastroenteritis, el doble de riesgo de tener eccema y diabetes y hasta ocho veces el riesgo de padecer cáncer linfático. Teniendo en cuenta que los fabricantes de leche artificial del RU gastan cerca de £20 por lactante para promover este 'alimento chatarra infantil', en comparación con los míseros 14 peniques que el gobierno invierte por cada bebé para promover la lactancia, ¿es posible pensar en tendencia inversa? Pat Thomas devela un mundo en el que los rapaces fabricantes de leche artificial, los negligentes profesionales de la salud y el público general, ignorante e insensible, conspiran para que los/as lactantes dejen el pecho y se alimenten a base de biberón.

Todos los mamíferos producen leche para su cría, y los seres humanos han alimentado a los lactantes a base de leche materna durante al menos 400.000 años. Durante siglos, cuando una mujer no podía amamantar a su bebé, otra mujer lactante, denominada "nodriza", se ocupaba de hacerlo. Recién en los últimos 60 años hemos abandonado nuestros instintos mamíferos para adoptar la cultura de la alimentación con biberón que no sólo fomenta el que las madres alimenten a sus hijos con leches artificiales altamente procesadas desde el nacimiento sino que pretende hacerles creer que estos sucedáneos de la leche materna son tan buenos, sino mejores, que la leche materna.

La fabricación de las fórmulas infantiles nunca estuvo pensada para su amplio consumo como sucede en la actualidad. Fueron creadas hacia fines del siglo XIX como un modo de proveer el sustento necesario para alimentar a huérfanos y a niños abandonados que de otro modo hubieran muerto de hambre . En este limitado contexto, es decir cuando no existe ningún otro alimento disponible, la leche artificial permite salvar vidas.

Sin embargo, con el paso del tiempo, y a medida que el tema de la nutrición humana en general, y la nutrición infantil en particular, pasó a ser algo más 'científico', los sucedáneos de la leche artificial comenzaron a comercializarse entre el público general como una mejora tecnológica de la leche materna.

"Si se le preguntara a alguien '¿qué leche artificial debería usar?' o '¿qué producto es más parecido a la leche materna?', la respuesta sería 'nadie lo sabe' ya que no existe una única fuente objetiva acerca de este tipo de información", dice Mary Smale, que ha trabajado como consejera en lactancia materna para el National Childbirth Trust (NCT) durante 28 años. "Sólo los fabricantes conocen el contenido de sus productos y no informan nada al respecto. Publicitan ciertos ingredientes especiales 'saludables' como ser los oligosacáridos, los ácidos grasos de larga cadena o, hasta hace poco, el beta-caroteno, pero de hecho nunca informan cuáles son los ingredientes básicos o de dónde provienen."

"No existe alimento elaborado en forma más local, más sostenible o más ecológica que la propia leche de la madre, el único alimento que un lactante necesita durante los primeros seis meses de vida. Es un recurso naturalmente renovable que no requiere envase ni transporte, que no genera desperdicio y se obtiene sin costo alguno."




Para la creación de las leches artificiales, los científicos han utilizado y utilizan los conocidos componentes de la leche materna como punto de referencia. Pero hasta el momento no existe una 'fórmula' para la fórmula. De hecho, el proceso de fabricación de las fórmulas infantiles ha sido, desde el comienzo, un proceso de ensayo y error.

Con toda razón, los fabricantes pueden colocar lo que les plazca en su fórmula. De hecho, la receta para un producto puede variar de un lote a otro, de acuerdo con el precio y la disponibilidad de los ingredientes. Si bien creemos que la fórmula está fuertemente regulada, no es necesario para los fabricantes mostrar transparencia: por ejemplo, no deben presentar registro alguno de los componentes específicos de ningún lote o ninguna marca ante ninguna autoridad.

La mayoría de las fórmula comerciales se elaboran a base de leche de vaca. Pero antes de que un lactante pueda beber leche de vaca en la forma de fórmula infantil, ésta es sometida a un exhaustivo proceso de modificación. Es preciso reducir el contenido de proteínas y minerales e incrementar el contenido de carbohidratos, con el usual agregado de azúcar. La grasa de la leche, que el cuerpo humano absorbe con cierta dificultad, en especial en el caso de un sistema digestivo inmaduro, se elimina y reemplaza por grasas vegetales, animales o minerales.

Luego se agregan vitaminas y elementos traza, pero no siempre en su forma más fácil de digerir. (Esto significa que las afirmaciones de que la fórmula es 'nutricionalmente completa' son verdaderas, pero sólo en el sentido en que se ha añadido un exhaustivo complemento de vitaminas y minerales a un producto inferior desde el punto de vista nutricional.)

A muchas fórmulas también se las endulza en grandes proporciones. Si bien la mayoría de las fórmulas infantiles no contienen azúcar en la forma de sucrosa, contienen elevados niveles de otros tipos de azúcar como la lactosa (azúcar de la leche), fructosa (azúcar propio de las frutas), glucosa (también conocida como dextrosa, un azúcar simple que se encuentra en los vegetales) y maltodextrosa (azúcar de malta). A causa de los vacíos legales, este tipo de fórmulas se promociona simplemente como "libre de sucrosa".

Algunas fórmulas contienen contaminantes introducidos sin intencionalidad durante el proceso de fabricación. Algunos contienen trazas de soja y maíz elaborados por ingeniería genética.

En las fórmulas comerciales se ha detectado la presencia de la bacteria Salmonella y de aflatoxinas – potentes agentes tóxicos, carcinógenos, mutagénicos, inmunosupresores producidos por especies del hongo Aspergillus – al igual que la bacteria Enterobacter sakazakii, un devastador patógeno que se origina en los alimentos y que puede causar sepsis (devastadora infección bacteriana en el torrente sanguíneo), meningitis (inflamación de las membranas que recubren el cerebro y enterocolitis necrotizante (infección e inflamación grave del intestino delgado y del colon) en recién nacidos.

Los envases de las fórmulas infantiles habitualmente se encuentran contaminados con partículas de vidrio o fragmentos de metal como así también ciertos químicos industriales como el ftalato y el bisfenol A (ambos carcinógenos) y, más recientemente, la presencia del componente isopropil tioxantona (ITX; otro carcinógeno sospechado).

Las fórmulas infantiles también pueden contener excesivos niveles de metales tóxicos o pesados, incluyendo aluminio, manganeso, cadmio y plomo.

Las fórmulas a base de soja generan especial preocupación debido al contenido de elevadísimos niveles de estrógenos de origen vegetal (fitoestrógenos). De hecho, las concentraciones de fitoestrógenos detectados en la sangre de los lactantes alimentados con fórmula a base de soja pueden ser 13.000 a 22.000 veces mayores que las concentraciones de estrógenos naturales. Los estrógenos, si se encuentran en dosis superiores a las que normalmente se encuentran en el organismo, son carcinógenos.

Matando a los lactantes
Durante años, se creía que los riesgos de enfermedad y de muerte como consecuencia de la alimentación con biberón estaba asociada exclusivamente a los lactantes de los países en vías en desarrollo, donde el agua potable necesaria para la preparación de la fórmula a veces escasea y donde las madres que sufren la pobreza pueden verse obligadas a diluir la fórmula para hacerla durar, poniendo en riesgo al niño de enfermarse por enfermedades producidas por el agua como ser la diarrea y el cólera como así también la malnutrición. Pero datos recientes obtenidos de occidente señalan claramente que los lactantes de sociedades de gran poder adquisitivo también se enferman y mueren como consecuencia de la introducción temprana de los alimentos artificiales infantiles. Dado que no es completa desde el punto de vista nutricional, no contiene las propiedades de inmunidad conferidas por la leche materna y porque la consumen los bebés en desarrollo con grandes y cambiantes necesidades nutricionales que no logran cubrir, los efectos para la salud de succionar fórmula día tras día pueden ser devastadores tanto en el corto como en el largo plazo.

LECHE MATERNA vs FÓRMULA: NO HAY COMPETENCIA
La leche materna es un alimento 'vivo' que contiene células vivas, hormonas, enzimas activas, anticuerpos y al menos otros 400 componentes únicos. Es una substancia dinámica, cuya composición cambia desde el comienzo de una toma hasta el fin de la misma, según la edad y las necesidades del bebé. Dado que también proporciona inmunidad activa, cada vez que el lactante es amamantado también recibe protección contra posibles enfermedades.

A diferencia de esta substancia milagrosa, la leche artificial comercializada como fórmula infantil es apenas superior que un alimento chatarra. Y es además un alimento elaborado que a los humanos se los impulsa a consumir exclusivamente por determinada cantidad de meses, aún cuando es sabido que no es posible mantenerse saludable y crecer con un régimen sostenido a base de alimentos procesados.

LECHE MATERNA
FÓRMULA
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GRASAS

Rica en ácidos omega 3 favorecedores del desarrollo cerebral como el DHA y el AA. Se ajusta en forma automática a las necesidades del lactante; los niveles disminuyen a medida que el lactante crece. Rica en colesterol; absorbido prácticamente por completo.
Contiene la enzima lipasa que ayuda a digerir las grasas



Sin DHA
No se ajusta a las necesidades del lactante
Sin colesterol
No se absorbe por completo
Sin lipasa


Los nutrientes más importantes de la leche materna; la ausencia de colesterol y
DHA favorece la aparición de cardiopatías y enfermedades del SNC en la adultez. La grasa restante y sin absorber genera olor desagradable en la materia fecal de los lactantes alimentados a base de fórmula



PROTEINA

Suero suave y fácilmente digerible. Se absorbe en forma más completa; en mayor proporción en la leche de las madres de prematuros. Lactoferrina para la salud intestinal. Lisozima, un agente antimicrobiano. Rica en componentes proteicos favorecedores del desarrollo cerebral y corporal. Rica en factores de crecimiento. Contiene proteínas que inducen el sueño


Cuajadas de caseína más difíciles de digerir
Absorción incompleto, más desecho para los riñones
Escasa cantidad de lactoferrina o ausencia de ella
Sin lisozima. Carencia o baja cantidad de proteínas favorecedoras del desarrollo cerebral o corporal
Carente de factores de crecimiento
Contiene escasa cantidad de proteínas que inducen el sueño



Los lactantes no son alérgicos a las proteínas de la leche humana



CARBOHIDRATOS

Rica en oligosacáridos, los cuales promueven la salud intestinal


Sin lactosa en algunas fórmulas
Carencia de oligosacáridos



La lactosa es importante para el desarrollo cerebral



REFUERZO INMUNITARIO

Millones de glóbulos blancos vivos en cada toma
Rica en inmunoglobulinas


Ausencia de glóbulos blancos o células de otro tipo.
Sin beneficio inmunológico


La lactancia materna proporciona una protección activa y dinámica contra infecciones de toda especie
Puede ser utilizada para aliviar una serie de problemas de salud externos como ser la dermatitis del pañal y la conjuntivitis



VITAMINAS & MINERALES

Mejor absorción
El hierro se absorbe en un 50–75 por ciento
Contiene más selenio (un antioxidante)



Difícil absorción
El hierro se absorbe en un 5–10 por ciento
Contiene menor cantidad de selenio (un antioxidante)



Los nutrientes en la fórmula no son de fácil absorción.
Para compensar, se agregan más cantidad de nutrientes a la fórmula, lo que la torna más difícil de digerir



ENZIMAS & HORMONAS

Rica en enzimas digestivas como la lipasa y la amilasa. Rica en una serie de hormonas como la tiroides, prolactina y oxitocina. El sabor varía según la dieta de la madre, lo cual favorece la adaptación del niño al régimen alimentario propio de su cultura


En el procesamiento se eliminan las enzimas digestivas, las cuales no son humanas para empezar Siempre tiene el mismo sabor


Las enzimas digestivas favorecen la salud intestinal; las hormonas contribuyen al equilibrio bioquímico y al bienestar del lactante



COSTO

Alrededor de £350/año en alimentos extra para la madre con un régimen alimentario inadecuado en su origen


Alrededor de £650/ año. Hasta £1300/año en el caso de las fórmulas hipoalergénicas. Costo por biberones y otros enseres. Pérdida de ingreso económico cuando madres y padres deben permanecer en el hogar junto al niño enfermo


En el RU, el Servicio Nacional de Salud (NHS) gasta £35 millones al año solamente en el tratamiento de la gastroenteritis en lactantes alimentados con biberón. En los EE.UU., las compañías aseguradoras gastan $3.600 millones en tratar enfermedades padecidas por los lactantes alimentados con biberón

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