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27 noviembre 2010

Pobre bebé de Napoléon

¡Pobre pequeño "Napkin"! por supuesto debes saber que "Napkin" es el pequeño bebé de Louis Napoléon, pero tal vez no sepas que su mamá no lo amamanta ella misma. ¿Me pregunto si ella sabe todo el placer que se pierde al no hacerlo? Me pregunto si ella sabe lo dulce que es despertar en la noche y encontrar la suave manita de un bebé sobre el cuello y su linda cabecita descansando sobre mi brazo? ¿Me pregunto si ella sabe lo hermoso que es un bebé cuando se despierta en la mañana, levantando su cabecita... Y observándote con sus ojos lustrosos y rosadas mejillas, tan parecido a un capullo recién abierto cubierto de rocío? Y me pregunto si ¿ella sabe lo delicioso que es darle al pequeño bandido hambriento su desayuno? No, no; ¡pobre Eugenia! ¡Pobre emperatriz! Ella no sabe nada de esto. Ella tiene todo el dolor de una madre y ninguno de los placeres de una madre. Ella contrata una mujer para amamantar y dormir con el pequeño "Napkin".
Sara Parton, 1857, la nodriza

24 noviembre 2010

yo no me callé

Con la imagen de mi hijo sobre el pecho, recuerdo esto.
En una época descubrí el privilegio de reunir la fuerza de seguir a mi instinto,
y rendirme al amor que mi hijo recién nacido inspiraba en mi.
A menudo me lo preguntaba.
¿Es normal que no quiera soltar a mi hijo?
¿Está bien que prefiera tenerlo en brazos,
besarle la cabeza,
contarle las pestañas
rodear mi dedo con su manita
a dejarlo en su cuna?
¿Es correcto que abandone el camino que me había labrado,
la seguridad económica,
por no resistirme a esta fuerza sutil, pero poderosa que me impide soltar a mi bebé?
Enamoramiento es una palabra que describe a ese sentimiento.

Es un privilegio el tiempo que mis hijos vivieron sobre mi pecho y entre mis brazos.
Soy afortunada porque al hacerlo descubrí el destino que se había preparado para mi, desde el principio.

Tuve suerte de que se me concediera nutrirlos con mi cuerpo y con mis besos,
porque yo recibía a través de ellos el mejor alimento: su aroma. El olor de mi criatura.

Y a través de su olor, nutría también mi alma,
el alma de un bebé que lloró incansablemente el primer año de su vida.

Era creencia común cuando nací que los bebés deben ser alimentados de acuerdo al reloj. No necesitaban nada más que alimento, y estar limpios. El tiempo que transcurría entre un alimento y el siguiente, los pasaba sola en mi cuna, aparentemente llorando. O eso es lo que dicen las crónicas de esa época, ya olvidadas y enterradas. Hasta el pediatra decía que llorar era muy bueno para los pulmones.

La mayoría de los bebés que siguen este régimen, aprenden su primer lección de sumisión tan pronto nacen. Al ser sometidos a este modo de criar, casi todos los bebés lloran inconsolablemente por horas, un día, dos, tres. Dicen que casi todos para cuando tienen 3 meses, no lloran más.

La mayoría, pero no todos. Algunos bebés no se quedan callados, resistiéndose a la injusticia de ser arrebatados del amor y respeto que les corresponde al llegar a este mundo. Sin resignarse a ser tratados como objetos.

Lloran de verdad y llora su alma. Y no pueden dejar de decirlo, cada vez que alguien se los recuerda.

Y cuando llegan a ser adultos, y tienen una voz clara, lo dicen una y otra vez: Ningún niño merece llorar solo.
Yo no me callé. Yo soy la voz de los bebés. Y mientras tenga voz y tenga fuerza, seguiré ya no llorando, pero si resistiéndome ante mi primera lección de sumisión. Y hablaré y escribiré, a todo el que me quiera escuchar o leer:

Todos los bebés son seres humanos. Es algo tan lógico y tan olvidado. Las necesidades emocionales de los bebés son tan válidas como las de los adultos. A pesar de que uno haya llorado en la indiferencia, tiene la capacidad de romper el ciclo del abandono. A los adultos amados no se les niegan los brazos y la compañía. A los bebés tampoco. Solo hay que dejar fluír el amor que hay en tu pecho, sentirlo y no resistirse.

Ana Charfén, IBCLC, LLLL

17 noviembre 2010

Cargando al bebé en un fular en México

En México las mujeres tradicionalmente han llevado a su bebé anudado a su cuerpo, en el rebozo. Así han podido continuar con sus actividades diarias mientras que satisfacen las necesidades emocionales de su bebé de sentirse cerca de su mamá.
El fular es una tela suficientemente larga, a la manera del rebozo, que sirve para llevar al bebé cerca del corazón, y mantenerlo contento y estimulado, mientras que la mamá disfruta de la libertad de tener las manos libres, y sobre todo un bebé contento que no llora.
Muchas mamas, se dan cuenta unos días o semanas después de que nació su bebé, de que el crío solo quiere estar en brazos, y que no llora cuando la mama lo carga. Muchas veces lo único que necesitan para dormir largos periodos de tiempo, es estar en el regazo de su madre. Recuerdo cuando era una madre primeriza y mi hijito lloraba cuando lo ponía en su porta bebé mientras yo quería tender mi cama. Recuerdo que pensé: ¿lo debo dejar llorar? ¿Lo estaré malcriando? Pronto me di cuenta de que mi bebé era mas feliz cuando estaba en mis brazos. Como madre primeriza, me dedicaba a cargar todo el día a mi bebé. Luego me di cuenta de que había una manera muy sencilla de tener al bebé completamente contento, y sin llorar. Teniéndolo adherido a mi cuerpo con un cargador de bebé de tela suave.
Los fulares Cozybebé están hechos de una tela de algodón y licra, muy suave, lo cual los hace ideales para bebés desde que son recién nacidos, hasta que quieran seguir en brazos, ya que es elástica y se adapta tanto al cuerpo del bebé como de la mamá, muy cómodamente.
Las ventajas de cargar al bebé son:
-Se convierten en adultos más seguros porque resolvieron sus necesidades emocionales de estar en brazos de su madre, cuando fue el tiempo adecuado, es decir cuando fueron bebés.
-El bebé llora menos y está mas contento
-Si tiene reflujo, la posición vertical le ayuda a que no se le regrese la leche.
-El movimiento constante de su mamá lo arrulla.
-La mamá le platica, lo besa, lo tiene a la mano mientras hace sus actividades.
-El bebé recibe el mejor estímulo, la voz y los brazos de su madre, desde el lugar donde está más feliz.
-El bebé ve el rostro se su mamá y de otros adultos, y escucha sus conversaciones.

¿Existe un mejor lugar en el mundo para un bebé que los brazos de su mamá?  ¡carga a tu bebé, llévalo cerca de tu corazón!

04 noviembre 2010

El tamaño del estómago de tu bebé recién nacido

Adaptado de Ameda Por Ana Charfén, IBCLC

Cuando nuestro bebé nace, las mujeres producimos calostro en nuestro pecho. El tamaño del estómago del bebé está en relación con la cantidad de calostro o leche que producimos.
Al nacer, el tamaño del estómago del bebé es de una canica. Puede guardar de 5 a 7 ml de calostro. Eso es aproximadamente una cucharadita. El calostro que produce la mamá es más que suficiente para llenar la pancita de un bebé recién nacido.

Pero hay más, los investigadores han encontrado que en el día 1 ( día del nacimiento) el estómago del bebé no se puede estirar más, como lo puede hacer un día después.

Incontables enfermeras en los hospitales han descubierto que los bebés durante el primer día, cuando son alimentados una o dos onzas con biberón, tienden a vomitar esa leche. Las paredes del recién nacido se mantienen firmes, expulsando la leche extra, en lugar de estirarse para contenerla.

El día 1, el estómago de un recién nacido puede guardar de un sexto a un cuarto de onza (5 a 7 ml) en cada toma. No nos sorprenda que esa es la cantidad de calostro que está lista y esperando en el pecho de su madre.

Para el día 3, ya que el bebé ha estado tomando estas pequeñas comidas, su estómago se expande al tamaño de una bolita de ping pong, para poder contener más leche (22 a 27 ml. menos de una onza).

Para el día 10, su estómago ya es del tamaño de un huevo grande de gallina (60 a 81 ml)

¿Es buena ideal el dar más leche a un recién nacido en cada toma para tratar de estirar su estómago más pronto?. No. Muchas tomas pequeñas ayudan a crear un patrón más saludable de alimentación desde el inicio. Los expertos nos dicen que es más saludable para los adultos comer cantidades menores, más frecuentemente, y lo mismo es cierto para los bebés y los niños. El intentar que un bebé tome más leche, puede provocar sobrealimentación. Si el sentirse demasiado lleno durante las tomas se convierte en la norma para un bebé, esto lo puede llevar a hábitos alimenticios poco saludables que contribuyen a la obesidad infantil más adelante.

¡Carga a tu bebé!