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03 junio 2011

lactancia materna adoptiva, alimento de amor para el corazón

Conmovedora experiencia de  Maria, que indujo la lactancia materna para su hijo adoptivo
Alimento de amor para el corazón
Leche materna para mi hijo por el milagro de la adopción
Mi gran aventura de vida inicio el 26 de octubre del 2002 cuando contraje matrimonio con Danny, un grandioso hombre e iniciamos nuestro proyecto de vida añorando en un futuro hacer crecer la familia. Con el pasar del tiempo fuimos diagnosticados con problemas de fertilidad por lo cual no tuvimos el milagro de la concepción en mi vientre, sin embargo tuvimos otro milagro, a nuestro creer uno más grande aun.

Fue el Milagro de la Adopción por medio del cual nuestro hijo creció en nuestros corazones durante varios años y por bendición de Dios el 26 de septiembre del 2008 nos convertimos en los felices padres de un hermoso bebé a quien tuvimos en nuestros brazos desde su segundo día de vida cuando fuimos por él a la salida del hospital donde nació…

La alegría y emoción de ese momento y que hemos tenido a partir de ese día  es imposible de describir.

Saúl, nuestro hijo, me brindó una posibilidad que nunca hubiera imaginado. Ahí fue cuando se produjo el segundo milagro, pues mi precioso bebé me dio la oportunidad de amamantarlo.

Desde su llegada a nuestro hogar, con mucha paciencia y en especial con todo mi amor le ofrecí mi pecho, el cual tomó desde el primer momento, esa fue una gran emoción, pues se apegó muy fuerte desde el primer instante en que se lo ofrecí. Siempre conté con todo el amor y el apoyo de mi esposo, y a partir de ese momento empezamos una rutina constante para que tomara mi pecho y así estimulara la producción de  leche, lo cual fue mágico pues tan solo al tercer día me bajo el calostro. Hoy recuerdo la gran felicidad que sentimos cuando empezó a bajar el calostro, pero más grande fue la felicidad que sentí cuando al quinto día de tener a mi hijo junto a mí, empezó a bajar ese preciado líquido: la leche materna. Saúl lo hizo posible con todo el amor que me trasmitía cuando lo amamantaba, y fue quien me ayudó a hacer posible el milagro. Yo soy prueba de que la leche materna fue producto del amor y esa es la clave del éxito de nuestra experiencia.

Las dos primeras semanas tuve mucho dolor en los pechos, era realmente insoportable, por ello busqué ayuda en las consultoras de la Liga de la Leche (Costa Rica) quienes me ayudaron muchísimo. Una de las consultoras me mostró que el dolor se debía a una mala postura y me enseñó la forma correcta, con lo cual el dolor desapareció de inmediato, e hizo de la experiencia algo mucho más relajado y un tiempo que disfrutamos mucho mi Saúl y yo.

Mi bebé siempre comió mucho, él fue muy grande al nacer y era muy comilón, por lo cual mi producción de leche dejo de ser suficiente a las pocas semanas. Allí fue cuando inicié con el uso de una sonda que ponía en un recipiente donde le preparaba leche de fórmula  y que llegaba hasta mi pecho para que al mismo tiempo en que él tomaba de mi pecho se alimentara lo suficiente sin la necesidad de que tomara el biberón, esto era muy divertido porque seguramente Saúl creía que su mami tenía mucha, mucha leche… El abrazaba fuertemente mi pecho y tomaba con mucha fuerza.

Cuando llegó el momento de regresar al trabajo, pese a que en la oficina existía un cuarto especial para lactancia, las tomas inevitablemente se hicieron más distanciadas y aproximadamente 2 meses después de  iniciar mis labores en la oficina se me acabó la producción de leche. Para ese entonces Saúl tenía 7 meses. Debo confesar que sufrí mucho pues quería que nuestro periodo de lactancia fuera mayor, pero comprendí que debía regresar al trabajo y que habíamos logrado unos hermosos 7 meses de lactancia.

El proceso de destete se dio muy natural sin mayores inconvenientes, pues al disminuir la cantidad de tomas al día, para Saúl fue algo muy sutil hasta que ya terminamos nuestro periodo de lactancia. A pesar de haber sido un corto periodo, me queda la gran satisfacción de que lo logramos con éxito, y de que disfrutamos de unos hermosos e invaluables 7 meses de los que atesoro recuerdos lindísimos en que  mi precioso bebé abrazaba mi pecho y me veía fijamente a los ojos, mientras yo acariciaba su carita, su cabecita, sus manitas, eran momentos a solas mi hijo y yo donde compartíamos y disfrutábamos y donde construimos un gran lazo de amor y de comunicación y donde además de poder brindarle de un alimento para su cuerpo, nos dimos mutuamente el alimento del amor para el corazón.

Nunca tuve dudas, nunca tuve miedo, solo tuve amor, seguridad y confianza de que iba a darle el pecho a mi hijo, de que íbamos a vivir cada instante juntos y que disfrutaríamos de la hermosa experiencia de la lactancia. Es un milagro, yo lo sé, soy testigo, lo vivo en carne propia, y me toca hacerlo porque toda mi vida ha sido rodeada de milagros, así llego Saúl a mi vida, así pude disfrutar del periodo de lactancia. Toda mi experiencia demuestra que los milagros se dan instante a instante, solo hay que tener fe y esperarlos, mi hijo y yo somos fiel y vivo ejemplo de ello, no se necesita nada más que amor para obtener maravillosos resultados y disfrutar del regalo de milagros a cada instante de nuestra maternidad.

¡Carga a tu bebé!