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10 julio 2013

Actitudes de la realeza ante la lactancia materna

Por Ana Charfén, IBCLC.
Hoy leí un divertido artículo en The Guardian que habla de las actitudes de la realeza británica ante la lactancia materna. Es interesante notar como en varias sociedades occidentales, muchas mujeres de clase alta desconocían las ventajas de amamantar a sus propios hijos, en algunos períodos abiertamente rechazando la maternal actividad.
El que una madre real amamante a sus hijos es una actividad muy reciente, siendo que la reina Elizabeth II fue amamantada cuando nació en 1926 y eligió continuar la práctica con sus propios hijos. Sin embargo durante los años 1960, su hermana la princesa Margaret, tomó la decisión contraria. La princesa Diana si amamantó ella misma a William y a Harry. Históricamente muchas madres reales no siempre pensaban que el pecho es lo mejor, de hecho en muchas ocasiones lo veían como una inconveniencia o aún dañino.
En siglos anteriores la mayoría de los bebés reales eran amamantados por nodrizas en cuanto nacían. Las mujeres de la realeza eran consideradas poco más que figuras simbólicas, dando a luz un niño tras otro para asegurar la dinastía. Esto era particularmente importante en tiempos donde la alta mortalidad infantil hacía necesario tener un segundo, tercer y cuarto hijo. Como la lactancia materna proporciona cierta incapacidad para concebir, los hijos eran amamantados por otras. Las reinas podían empezar cuanto antes el proceso de concebir a su siguiente hijo. Así mismo se pensaba que la leche materna se descomponía si se tenían relaciones durante la lactancia.
A menudo, la casa real contaba con un equipo de madres lactantes para asegurar de que el nuevo bebé fuera alimentado a demanda.
Las mujeres de buena cuna eran consideradas las mejores nodrizas, mientras que tuvieran buen caracter y apariencia sana. Los niños eran tradicionalmente amamantados por más tiempo que las niñas, haciéndolo por dos años, ya que
la Reina Madre con la Reina Elizabeth en 1926, foto de Peaight/Getty
se consideraban más dependientes y demandantes cuando eran bebés.
La decisión de quién amamantaría al bebé era importante ya que se pensaba que el bebé absorbía el temperamento de su nodriza a través de su leche, y así mismo que la dieta también afectaba al bebé, así que las nodrizas debían abstenerse de alcohol, ajo y especias, favoreciendo los alimentos sin sazón. Las nodrizas a menudo usaban remedios herbales y folklóricos para asegurar su flujo de leche, como usar una cadena de acero entre sus senos o recitar encantamientos.
Durante el siglo XVIII, los médicos sospechaban del valor de la leche materna e intentaban que las madres no amamantaran. El calostro era considerado dañino y se pensaba que hasta que el sangrado posparto se detuviera, era posible amamantar. Los recién nacidos eran alimentados con leche aninal, miel o agua azucarada por un mes. Algunos mamaban de una bolsa de lino, cuernos, jarras de barro o pezones de vaca en vinagre, posiblemente repletos de gérmenes. Se utilizaban papillas y avena como alimentos de destete, los cuales a menudo resultaban en casos fatales de diarrea.
La Reina Victoria encontró la idea de la lactancia completamente repelente, considerándola la ruina de las jóvenes damas refinadas e intelectuales. Sus propias hijas le ocultaron su elección de amamantar, llamándolas "vacas" cuando fueron descubiertas

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