Nunca creí poder volver a dormir y que mi bebé no llorara

Para todas las mamás que están cansadas de lo demandantes que son sus bebés. 
Por Ana Charfén, IBCLC.
Hace 17 años yo tuve un bebé lo que se dice "demandante". De esos bebés que lloran por cualquier cosa, y que no se consuelan fácilmente. Recuerdo incontables ocasiones en las que mi bebé de un mes, dos, tres, no dejaba de llorar, aún estando en brazos. Me decían que a los 3 meses dejaban de llorar y en su caso no sucedió.
No podía imaginarme cuando él tenía un mes, que aún me faltaban dos meses más para que el llanto mágicamente terminara. A la sillita del coche le pusimos la silla eléctrica, porque si lo ponía en ella, se retorcía y aullaba... Compré pocas cosas para él, ya que era mi segundo bebé, y prácticamente tenía todo, pero lo que sí compramos fue una carriola doble. Pensaba en la ironía de ir empujando una carriola vacía con mi hijo mayor caminando de la mano de su papá y mi bebé en el rebozo.
A veces funcionaba para calmarlo, ponerlo en el rebozo y arrullarlo bastante fuerte, brincar, bailar, hasta que dejaba de llorar, y acababa por dormirse.
Recuerdo las noches en que yo simplemente no podía creer que mi bebé no pudiera soltarse de mi pecho en 4 horas. Teníamos que dormir pegados para que no se pusiera a llorar. Creí que nunca iba a volver a dormir en la vida, una noche de dormir 8 horas continuas me parecía un sueño súper lejano. Creí que mi hijo nunca podría dormirse sin estar succionando, que nunca se iría de mi cama, que nunca se podría consolar solo. Todos esos pensamientos eran muy reales para mí en ese momento, y no les veía solución.
Hoy casi no puedo creer que todo eso, era una realidad a la que yo no le veía final. Mi hijo tiene 17 años, se destetó solo, duerme en su cama, es un adolescente seguro, buen estudiante, con un sentido del humor muy especial.
Y ahora tengo que rogarle que me dé un abrazo de 20 segundos para que "cuente".
Durante esos 20 segundos que me concedió un abrazo, recordé las noches que pasábamos panza con panza, su incapacidad de soltarse del pecho, su llanto.
Y pensé: "todo pasó demasiado rápido..."
Dejó de llorar, aunque no lograra calmarlo siempre lo hizo en mis brazos, acabó durmiendo la noche cuando estuvo listo, se fue a su cama, dejó el pecho, se fue a la escuela. Creció, me sobrepasó en altura, y me siento feliz de que todo lo hizo cuando era su tiempo, y a su propio ritmo.
Tal vez tu ahora te sientas agobiada con la maternidad y no le veas el fin a esas noches en vela. Pero créeme, todo esto pasará, tu hijo crecerá y llegará el momento en que un abrazo entre los dos será un evento extraño. Cuando tu hijo te pida brazos, recuerda: el tiempo que pasará en tus brazos, en tu pecho es muy corto. Antes de que lo imagines, tu hijo volará y se independizará de ti.
El tiempo pasa muy rápido.
-Ana Charfén, IBCLC

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